9 de mayo de 2012

Dale tiempo a tu madre..!!!

Hace un tiempo leí un artículo que llamo a profundidad mi atención y me conmovió hasta las lagrimas. Hacía referencia a una persona que hacía conciencia en algunos hijos olvidadizos de sus padres, que no los llamaban, visitaban o se preocupaban por ellos mientras Vivian. El autor  del escrito relata su charla con un sacerdote e indicaba que tuvo que buscar ayuda espiritual, porque la tristeza y remordimiento no lo dejaban vivir en paz. 

El texto narra lo siguiente: “Padre –dijo el hombre amargamente- todas las mañanas acostumbraba salir a corre en compañía de mi perro, pues a él le servía de paseo, y pasaba a diario cerca de la casa de mi madre. Algunas veces platicábamos, otras sólo le hacía la mano diciéndole que tenía prisa y que luego la llamaría, Ella comprendía y siempre esperaba allí en espera de mi presencia.
Recuerdo que una vez me preguntó “Hijo, ¿Cuándo tienes tiempo para desayunar conmigo? Le di mil excusas, siguiendo mi camino.
Así, durante todas las mañanas ella estaba esperándome pasar junto a su ventana y yo con mis prisas y ocupaciones le mostraba mi reloj, indicándole con señas que se me hacía tarde para el trabajo; le decía adiós con la seguridad de que siempre estaría ahí esperando una visita o llamada en mi tiempo libre.
Una mañana, la última de ella en vida, como siempre pase por su casa. Me esperaba en su ventana. A pesar de su amplia sonrisa la note ansiosa, le dije que tendría que llevar a mi esposa a hacer unas compras, entonces ella sacó su lista, pero al ver mi premura la guardó y sólo me encargo leche. Le mostré mi reloj para que comprendiera mi impaciencia y le dije que luego le llamaría, pero algo en sus ojos me decía que estaba triste, si, muy triste.
Seis horas después, un vecino me llamó al trabajo para decirme que había encontrado muerta a mi madre cerca de la ventana”, terminó diciendo.
Desde ese día, ese hombre perdió la tranquilidad, cayó en una terrible depresión, culpando en todo a su esposa, por apartarlo (hasta cierto punto) de su madre y lamentaba mucho la muerte de su progenitora. Si esa mañana le hubiese dedicado tan sólo cinco minutos para preguntarle cómo estaba y que se le ofrecía, quizás ella se hubiera salvado, porque la lista que no le entregó incluía sus medicinas para el corazón.

El otro caso es igual de conmovedor y relata lo siguiente: Dos amigas se encontraban tomando un café. Una muy enojada le comentaba a la otra: ¡Mi madre es una molestosa! A cada rato me habla a mi celular para saber de mí, me llama a la oficina para preguntarme que me gustaría comer antes de irme al departamento. Me molesta su forma de ser, quiere que le platique todo y a donde voy.
Ya sabes cómo son los viejos, quiere que la visite y llame seguido, que la lleve a comer a alguna plaza. Yo la verdad no tengo tiempo para mi madre, tu sabes como estoy de compromisos, fiestas, amigos, etc.
La verdad, para mí, es una lata estar siempre buscando excusas para no ir a verla.
La otra amiga escuchaba en silencio, más de pronto, con un nudo en la garganta le dijo: Yo en cambio platico mucho con mi madre. Cada vez que estoy triste o tengo algún problema charlo con ella, cuando me siento sola, con muchas aflicciones, problema laboral, de salud, conyugal o simplemente necesito paz, acudo a su tumba a platicar con ella y me siento relajada y no vayas a creer que soy mejor que tu. ¡Qué va! Era igual o peor que tu, sin embargo, tarde comprendí que nunca encontraré una amiga mejor que mi madre. No sabes cuanta falta me hace ahora su presencia y cuanto la echo de menos, ahora que ha fallecido.

Si de algo te sirve mi experiencia, platica con tu madre ahora que tienes, no la juzgues por todos sus malos hábitos o achaques, resalta sus virtudes y trata de hacer a un lado sus errores. No esperes que esté en un panteón, porque ahí la reflexión duele hasta el fondo del alma. En ese fúnebre lugar comprendes que ya nunca más podrás hacer o decir lo que dejaste pendiente, Será un vacío que nadie podrá llenar, no permitas que te pase lo mismo que a mí.
Al despedirse, la amiga pensaba seriamente en esas palabras y en lo que haría a partir de ese día. Al llegar a la oficina le dijo a su secretaria que no le pasara ninguna llamada, que necesitaba platicar son su madre y le agendara una tarde libre por semana para llevarla al cine, de compras o simplemente platicar y chacharear, que es lo que a ella le gusta mucho, y luego tomar un helado.

Y esto nos hace reflexionar, amigos, que hay que dedicarles tiempo a los padres. Aunque ellos no lo digan abiertamente, el olvido y la ingratitud lastiman su alma.
Bríndenles compañía, cariño y ternura hoy que los tienen cerca, porque mañana podrá ser demasiado tarde y la conciencia será su peor enemiga

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