La primera guía telefónica de la que tenemos conocimiento es un listín que se publicó en 1878 en New Haven, Estados Unidos, y que apenas contenía 50 nombres… pero sin números de teléfono ya que el listín sólo servía para saber si la persona con la que queríamos contactar tenía o no teléfono. Si era así y deseábamos contactar con ella, había que llamar a la telefonista y darle el nombre de esa persona. Ella era quien marcaba el número.
El hecho de que casi todos los niños odien “lo verde” tiene su razón de ser. Según han averiguado investigadores del University Collage de Londres, el sabor amargo de los vegetales se considera por instinto un indicio de toxicidad, es algo implícito en los genes. De ahí, la reticencia infantil a ingerirlos, por pura supervivencia.
La mayoría de los animales mueven su cola por la necesidad imperiosa que tienen de comunicarse. A distancias cortas. Los gestos de la cara ayudan, pero, a distancias largas, nada como la cola para decir lo que sienten. Moverla es signo de alegría, mientras que mantenerla entre las patas suele implicar sumisión.
La leche condensada es un invento del americano Gail Borden en 1856 para facilitar el transporte de almacenamiento de la leche a base de deshidratarla parcialmente. No tuvo éxito hasta que el gobierno norteamericano descubrió su utilidad para los soldados en plena batalla. A partir de entonces se popularizó su consumo.
100.000 latidos diarios son los que produce el corazón humano. Con ellos se bombean cinco litros de sangre que oxigenan todo el organismo. 10 billones de átomos forman el cuerpo de una persona que pese 60 kilos. Independientemente del peso, los 60.000 millones de células que nos componen se agrupan en 250 clases diferentes. 1,5 litros de saliva es generada al día por nuestro estómago para facilitar la digestión, proceso en el que intervienen unos 480 litros de jugos gástricos cada año.
Las huellas dactilares como sistema de identificación ya se empleaban hace miles de años en China y Corea a modo de rúbrica para cerrar un trato, aunque su uso en la actividad policial no se introdujo hasta el año 1891, cuando un oficial de la localidad argentina de La Plata utilizó una huella como prueba en un caso de homicidio.
La expresión “tener mala leche” procede de la antigua creencia de que la leche materna influía decisivamente en la futura personalidad de los pequeños. San Agustín, por ejemplo, recomendaba que los bebés cristianos no fueran amamantados por amas paganas.







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